Mostrando entradas con la etiqueta POLTERGEIST. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta POLTERGEIST. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de noviembre de 2012

MISTERIOS EN EL RECTORADO

Misterios en el rectorado


El Rectorado de la Universidad de Castilla-La Mancha es un lugar cargado de misterio y leyendas. Leyendas que en este caso, parecen hacerse realidad desafiando a cualquier lógica. Existen decenas de testimonios, de casos, de personas que una noche se toparon con algo inexplicable. Algo que a día de hoy, todavía son incapaces de olvidar. Algo que sigue inquietándolos...
 

Comencemos por el principio El lugar abrió sus puertas el 29 de Abril de 1788 por el cardenal Lorenzana, para hacer de casa de acogida para las personas menos favorecidas, dando cobijo a pobres, alcohólicos e incluso prostitutas. Posteriormente pasó a ser un hospital (llevado por monjas, atención al detalle que posteriormente toma importancia), llamado ?Real casa de la Misericordia?. En 1809 el edificio pasa a ser un Regimiento de artillería, el "Cuartel de la Misericordia". Y es ya a partir de esta época cuando comienzan a sucederse los fenómenos extraños. Un gran número de personas que hicieron allí el servicio militar me han narrado la misma historia, o al menos con la misma protagonista, una extraña monja. Es el ejemplo de J.R. que me contó cómo una noche transportando alimento sobre una burra, todo quedó en completo silencio. El animal comenzó a asustarse y a ponerse nervioso. A tal punto llegó el miedo a apoderarse de la burra, que esta comenzó a dar coces y a temblar de manera incontrolada. Entonces sucedió. En mitad de la noche, una figura semitransparente apareció caminando a lo lejos. Una figura sin piernas, que se alzaba unos centímetros sobre el suelo. J.R, completamente asustado, tiró de la burra y corrió por donde había venido como alma que lleva el diablo. - "Aquella era una figura de monja. Llevaba las manos juntas, como rezando, y una túnica. Eso es todo lo que puedo contarte. ¡Y no porque no quiera! Es que no me acuerdo de más...". Existe otro caso casi idéntico al de nuestro protagonista. Sin embargo, no todos quieren hablar y recordar aquellos momentos. Lo curioso es que este otro testigo trabaja actualmente para una conocida compañía de envíos y tiene que llevar paquetes al lugar cada semana. El edificio en la actualidad es el Rectorado de Castilla-La Mancha, y los fenómenos que ocurren en la actualidad no tienen casi nada que envidiar a los sucedidos años atrás. Aunque bien es cierto que esa figura con forma de monja no ha vuelto a ser vista por los pasillos ni por los patios -pero sí se ha dejado fotografiar como veremos más adelante-. Como curiosidad debemos decir que las paredes actuales son las mismas que las del antiguo hospital de la Misericordia, aunque restauradas y mejoradas, obviamente. Conseguí entrevistarme con algunos de los protagonistas que han vivido auténticas noches de terror, y hacer incluso una ronda nocturna por el edificio. Este el caso de uno de los vigilantes que trabajan allí de la noche. Me contó cómo estando más de una noche en su despacho, frente a los monitores que reflejan las imágenes de las cámaras de seguridad, a eso de las tres de la madrugada, se habían encendido los fluorescentes, como si una mano invisible hubiera pulsado el interruptor. Me describió incluso la sensación de terror que le provocó solo escuchar ?ese ruido de los halógenos?. Otro suceso no menos inquietante es el provocado por las alarmas de movimiento. De madrugada, para ellos no era extraña la costumbre de que estas alarmas saltaran solas. Algunas tal vez tengan explicación lógica -si es así, yo me presto a ella- si se encuentran cerca de una ventana, o de una puerta por la que pueda entrar cierto haz de luz provocando así una sombra que confunda al sistema de la alarma. Sin embargo, un guardia me mostró una de las alarmas que más solía saltar. Y se encontraba bajo una escalera, alejada de ventanas y posibles focos de luz. Otro de los hechos más comunes -aunque pudiera tener una explicación más lógica- es la apertura de puertas por ?manos invisibles?. Aunque podemos llamar manos invisibles al viento, pues la explicación a este hecho sí que existe. Las puertas que suelen abrirse solas son unas puertas de cristal que hay en todos los patios y que no tienen cerradura. Por tanto, el viento puede colarse en el patio, y crear una especie de efecto chimenea que a su vez llevaría a crear una enorme presión. Esta importante acumulación de viento conlleva una fuerza que abre las puertas solas. Otro suceso que aparece con menos frecuencia en el Rectorado es la aparición de una extraña luminaria o un extraño resplandor en algunas habitaciones, que generalmente ha sido visto a través de ventanas -nunca frente a frente-. Finalmente, los ruidos son el pan nuestro de cada día. Algunos son ruidos absolutamente naturales, y otros ?me aseguran personas acostumbradas a trabajar de noche- no lo son tanto. Los sucesos del Rectorado se hicieron más que conocidos hace unos meses, cuando estas extrañas vivencias se pasaban de boca en boca. Y no fueron pocos los curiosos que, en busca del misterio, realizaron fotos al edificio. Con tanta ?o tan poca- suerte que algo apareció en una de ellas. En una ventana -la segunda de la derecha, abajo, en la parte de la fachada que da al paseo del Paraninfo- aparecieron dos figuras casi etéreas donde se distinguen perfectamente a dos monjas. Una de ellas lleva las manos juntas, y se distingue claramente su vestimenta. La historia continúa, más allá del Rectorado Cuando comencé a investigar sobre los hechos que sucedían en el Rectorado, alguien me dio una pista, y me envió a un lugar cercano. - Cuidadito ?me dijo- que no solo aquí suceden cosas extrañas? Comencé a meterme en camisa de once varas, tal vez... Y descubrí que había un edificio bastante cercano al Rectorado donde también sucedían fenómenos extraños. La casualidad o causalidad, llamémoslo como queramos, hace que el edificio se alce también dentro del perímetro del antiguo regimiento de artillería. Entonces me planteé si los hechos pueden llegar a marcar un lugar. Alterar el ambiente y alterar la vida de las personas que día tras día -y peor aún, noche tras noche- deben acudir a trabajar al lugar. Eso se refleja muy claramente en sus caras cuando narran cómo ellos ?lo vieron?. Y aquello es lo que más me marcó. Las caras de miedo, la impotencia de no saber explicar unos hechos que suceden en el lugar de trabajo, y sobre todo los cambios progresivos en la actitud de los trabajadores. Primero agradables y dispuestos a hablar, pero posteriormente casi hostiles, con todas las letras. ?Aquí no pasa nada, no queremos decir nada ni queremos que el nombre del edificio salga en ninguna parte?. Cuando llegué por primera vez, como decía, todos estaban dispuestos a echarme un cable. Pero ninguno a hablar frente a una grabadora. Todos me contaban lo que les había sucedido. Pero ninguno permitía que tuviera el ?aparatito? en las manos. Los sucesos más repetidos en el lugar son ruidos de extraña procedencia, luces y sombras de dudable explicación e incluso pasos y ascensores que suben y bajan solos a las 2 de la madrugada, cuando el edificio debería de estar vacío, cuando tan solo un guardia mora el lugar. La primera vez que acudí al lugar, el vigilante era nuevo y no había vivido nada extraño, todavía. Así que le pedí perdón por haberle hecho empezar con ?tan buen pie?. A la siguiente visita que hice, el vigilante me contaba asustado cómo una noche, haciendo la ronda, pasó frente al cuarto de baño y escuchó la cisterna. Al entrar, descubrió que -como era ?lógico?- no había nadie en el lugar. Sin embargo, una ?mano invisible? apretaba el pulsador que accionaba la cisterna. Tres segundos más tarde, como si el ajeno individuo se hubiera marchado, el pulsador volvió a su estado original, y el ruido del agua cesó por fin. Aquel vigilante, totalmente aterrorizado desde la citada noche, me contaba cómo era incapaz de hacer una sola ronda sin sacar su porra. Hablé incluso con una de las señoras de la limpieza, que me contó que había llamado al guardia más de una noche para que la acompañara a limpiar los despachos de la primera planta, asustada por todos los ruidos. Me aseguró que incluso se había planteado renunciar a su puesto. Pero lo más fuerte, son las pruebas que han hecho los guardias en el edificio. Atemorizados, y sin saber bien cómo actuar, decidieron hacer una prueba. Una noche separaron todas las papeleras de la pared y las dejaron en mitad del pasillo. Los dos vigilantes se marcharon a hacer la ronda, y cuando volvieron a pasar por el pasillo, las papeleras volvían a estar pegadas a la pared, en su estado original. La última vez que visité el edificio, me atendió el guardia con el que había hablado la primera vez. Con el nuevo. Alfredo, el técnico con el que también había conversado -y al que realicé una entrevista, pues este sí quiso hablar- también estaba allí. Y el cambio de humor fue brusco. De simpatía a apatía, el camino era muy breve. - Mira ?dijo el vigilante- aquí no pasa nada raro. ¿Que los ascensores se ponen en marcha solos? Eso es por subidas y bajadas de tensión. ¿La cisterna se pone en marcha sola? Eso es que se atascó? ¿Las luces, las sombras? Este es un edificio acristalado. ¿Y los ruidos? Pues porque está recién construido y hasta que se ?amolde?? Lo de las luces y sombras? puede que pase, lo de los ruidos también -aunque el ruido de un plástico que se arruga, una estantería que se cae, pasos en zonas donde no debería haber nadie- lo de los ascensores es raro. Una subida de tensión es normal, pero ¿constantes subidas de tensión?, ¿No habría ido nadie a repararlas?, ¿No habría provocado daños en el material electrónico?. - Alfredo? -dije yo, intentando buscar un apoyo. Él encogió los hombros, como diciendo ?esto es lo que hay? con expresión de pesar. El vigilante mencionó a la dirección del edificio, y continuó: - Y no queremos saber nada, no queremos problemas, ni queremos que el nombre de este edificio aparezca por ninguna parte. Y salí por la puerta, pero con una expresión completamente distinta a aquella con la que entré el primer día. Pero realmente, no esperaba menos. De un momento a otro, sabía que aquello ocurriría. Sin embargo, era curioso, pues si él afirmaba que todo tenía una explicación lógica, era porque finalmente lo había visto con sus propios ojos y trataba al menos de dar explicación lógica a dichos sucesos. Lo cierto y verdad es que nadie llegó a dejar que grabara su testimonio -aparte de Alfredo-, y todos iban ?echándose el muerto? el uno a otro. Todo era: ?Pásate esta tarde que está fulanito?? Y a la tarde, ?pásate mañana que está menganito?. Lo que yo no sabía cuando salí del edificio por última vez, era que una sorpresa estaba aguardándome. Una especie de regalito aún envuelto, esperando a ser abierto. Pasó el tiempo, y el 5 de mayo de este 2006 recibí la llamada al móvil de un querido amigo. Salva Millán, director del programa ?Expediente Abierto?, en Radio Bunyol, con el que había colaborado toda una temporada. - Javi, ponte las pilas que volvemos a empezar. ¿Qué tema podríamos elegir para este programa? ?me preguntó. - ¿Qué te parecen las casas encantadas? He estado investigando en un edificio donde están pasando cosas? Y creo que sería interesante. Podría pasarte incluso algunos cortes de una entrevista que realicé al técnico del edificio. - Perfecto, va a quedar genial. Ya me lo envías al correo. Y ahí quedó la cosa. El programa del 9 de mayo contaría con algunos pedazos de esa entrevista. Ponerla entera llevaría un buen rato del programa, por lo que decidí cortar los trozos más importantes e impactantes. Y ahí llegó la sorpresa. O el susto. Afortunadamente no era de noche cuando hice el descubrimiento. Eran las 16.20 de la tarde. No se me olvidará. Estaba repasando la entrevista, viendo qué trozos cortar? Y de pronto, escucho algo que no encaja. Algo que se conoce como psicofonía o parafonía. Para el que no conozca qué es este fenómeno, decir que se trata de voces que aparecen de repente en nuestros grabadores. Voces que no estaban allí en el momento. Hay gente que se toma a pecho estas voces, y que las utiliza en investigaciones en lugares como la Atalaya, esperando a que esas voces le den alguna respuesta. Algunos dicen que son las voces de los ya fallecidos. Otros aseguran que se trata de un curioso efecto sonoro sin misterio alguno. Y otros, afirman que nuestras voces, nuestras conversaciones, quedan registradas en el espacio-tiempo, como si de una caja de resonancia se tratara, y pueden grabarse transcurridos unos años. Yo no sé la respuesta, ni intenté hallarla nunca. Es un fenómeno que estaba ahí, que había llamado mucho mi atención pero que jamás me había propuesto hacer. Ni me lo había planteado. Y entonces, cuando menos lo esperaba, y sin yo buscarlo, aparece una voz que me deja descuadrado, que tira todos mis esquemas y que, para qué negarlo, me asusta. En un principio, me impacta, pero no soy verdaderamente consciente de que eso es extremadamente raro. No soy consciente de que miles de personas están, a día de hoy, fascinadas por este fenómeno, lo persiguen -en ocasiones rozando la locura- pero no siempre dan con él, pues es tan esquivo y escurridizo. En la entrevista de Alfredo, el técnico, la parte en la que yo le pregunto ?¿Y lo más fuerte que ha pasado en el edificio? -y él responde- ?Lo que te dijeron a ti el otro día?? yo respondo: ?¿Lo de la sombra?? y Alfredo, afirmándolo dice: ?Sí, lo de la sombra, eee? y en ese ?eee? pensativo, mientras él busca cómo continuar su frase, una voz extraña, seria, seca, alejada del micrófono y que parece burlarse de nosotros, dice ?Una sombra? o ?La sombra? -no se distingue muy bien lo que precede a la palabra ?sombra?-. Y es curioso, ya que algunos afirman que estas voces necesitan tomar aire, como si se recargaran de alguna energía. Pues bien, tres o cuatro segundos antes de hacer su incursión, se escucha como una respiración de alguien con dificultades para tomar aire. Lo primero que hice fue enviar el audio a las personas que habían escuchado más psicofonías. Una de esas personas fue Guillermo León, analista informático y colaborador del programa Milenio3 y Cuarto Milenio, donde siempre sabe catalogar qué fotos tienen misterio, y cuales no. Su opinión era esta: [?] Se aprecia claramente que es de distinta procedencia a las personas que hablan antes, o sea tú y el entrevistado... Parece además una voz típica psicofónica o parafónica sin entonación, que solapa vuestras voces y precedida de un ruido seco o respiración que también se escucha unos segundos antes? Y digamos que aquello ?colmó el vaso?. Un vértigo se apoderó de mi estómago y me sentí vacío, como si mis órganos flotaran dentro de mí. Es fácil escuchar un programa donde te hablen de psicofonías, y decir: ?Me lo creo/No me lo creo?. Pero no le das más vueltas. Sin embargo, cuando te sucede a ti, cuando sabes que aquella voz no debería estar ahí, cuando sabes que no hay ni trampa ni cartón, ni explicación razonable? La cosa cambia bastante. He escuchado esa voz más de treinta veces, tratando de buscar su explicación, un por qué. Y lo cierto es que a día de hoy, sigo sin entender de quién era esa misteriosa voz.
Fuente: www.ikerjimenez.com

sábado, 10 de noviembre de 2012

NUNCA LO HAGAN...

  NUNCA LO HAGAN...


Hola, me llamo Facundo Cruz, lo siguiente son hechos reales... Era en esa época las 12 a.m., pues tenía 15 años y decidimos con mis amigos jugar al "juego de la copa". Estuvimos hasta las 3 a.m. jugando, hasta que explotó la copa y salimos corriendo todo lo que podíamos.

 

 Una madera había atrás ( o nos fijamos que había, obviamente fue peligroso) me siguió la madera, por sí sola, yo estaba llorando y pensando ¡NO PUEDE SER! ESTO PUEDE SER REAL? Corría lo máximo (yo era el más rápido de mi grupo) y los pasé a todos y los dejé bien atrás. Me esperé un rato a ver si venían, volví atrás y no los vi... Estaba lleno de oscuridad y la verdad, no me animé a ver, salí corriendo, la madera era extremadamente más rápida que yo y venía a una velocidad de 30 kilómetros (más o menos, según calculo yo). Me golpeó en la cabeza y me dejó sangrando en el piso... Desperté en un hospital donde había perdido mucha sangre... 

 

Me quedé 1 mes recuperándome, ese mes fue el peor de mi vida, pues me aparecía una sombra y una luz muy luminosa que me decía "Vas a pagar por despertarme", y yo grité NOOOOOOOOOO, PERDÓN!! SÓLO TENÍA CURIOSIDAD! NO ME HAGAS NADAA! Los enfermeros escucharon y entraron a la habitación y el "fantasma" se fue... Me pusieron un suero y me dormí... Me desperté y era la misma hora que ese día... La misma vos, y yo pensé ME ESTOY VOLVIENDO LOCO? Después de ese mes de pesadillas y llorar y golpeos (el espíritu me pegaba todos los días) y como el espiritu me pegaba, siempre tenía que quedarme más, pues claro, cada día estaba peor... Pasó 1 año y el espíritu se fue. De todo lo que me hizo decidí vengarme, estaba muy enojado. Fui a ver a un profesional de todas esas cosas y llamó al espíritu y le echó agua bendita y le dijo que no me molestara más, porque si no lo iba a mandar al mismísimo infierno. Desapareció de mi vida y el "profecional" me dijo, NUNCA LO HAGAS.. 

 

Le entendí muy bien y jamás lo hice devuelta... Pasaron 10 años (ahora tengo 25), a veces aparece el mismo espíritu en las ventanas, en los espejos, en todos los lugares adonde vaya. No puedo irme a la casa de alguien, pues los atormentaré a ellos. Así que viví de solitario, sin hacer nada... sin amigos, no tengo nada, más que el espíritu que me visita casi todas las noches a atormentarme con sus golpes, y yo me lo tengo que aguantar. No le puedo hacer nada, él es mucho más fuerte que yo. Todo esto que tengo en mi cabeza... tal vez me suicide más adelante. 
Ahora sólo pienso en una manera de pararlo. Ahora en este mismo instanste está en la ventana o detrás de mí. No sé si está jugando conmigo o son mis alucinasiones de ese día. Lo único que sé es que soy un loco que está solo en el mundo, una vida perdida por una adolescencia estúpida y curiosa. Así que nunca lo hagan, no se querrán suicidar como yo. Se lo advierto, NUNCA LO HAGAN. Basado en hechos reales que me pasaron a mí. 

 

jueves, 25 de octubre de 2012

PALACIO DE LINARES

«Una noche en el Palacio de Linares»

por Santiago Vázquez


El 29 de mayo de 1990 nos despertábamos con la noticia: “Hay fantasmas en el palacio de Linares”. Los informativos matinales de todas las emisoras de radio emitían unas supuestas psicofonías grabadas en el interior del inmueble.
“Mi hija Raimunda, nunca, nunca, oí decir mamá”, “Mamá, mamá, yo no tengo mamá, mamá” o “Fuera, fuera” eran algunos de los contenidos de las “sorprendentes” grabaciones. 


De inmediato, la antigua leyenda del edificio parecía cobrar vida de nuevo. Fuimos varios los investigadores que decidimos solicitar permiso al Ayuntamiento de Madrid para comprobar si los fenómenos referidos eran auténticos o, por el contrario, un burdo montaje.
Antes de dar paso a la exposición de nuestra investigación y vivencias en tan misterioso lugar, es preciso que hagamos un poco de historia.


En 1872 el primer marqués de Linares, José de Murga, adquiere el solar donde se construye el palacio. El marqués se casa con Raimunda Osorio y Ortega, en realidad su hermana. Años atrás, hacia 1830, el padre de José y patriarca de la saga, Mateo de Murga, había mantenido una apasionada relación con una bella cigarrera. Fruto de este amor nació en secreto Raimunda.
Quiso el destino que los dos hermanos se conocieran y enamoraran. Enterado don Mateo de los sentimientos de su hijo José hacia su hija ilegítima, decide enviar a éste a Londres con el fin de abortar un posible matrimonio. Sus esfuerzos fueron inútiles. José regresó a Madrid y se consumó el casamiento. 


Fallecido ya el padre del marqués, los cónyuges se enteran de su verdadera condición de hermanos a través –según la opinión de la mayor parte de los estudiosos- de una carta dejada por éste a su hijo. Es aquí cuando empieza la tragedia de los marqueses de Linares y su triste vida en el interior del palacio, y la leyenda que, todavía hoy, no se ha logrado esclarecer por completo.
Se cree que el Papa León XIII concedió al incestuoso matrimonio una bula que les permitió vivir bajo el mismo techo pero en castidad, aunque hasta el momento no se ha encontrado certificación expresa del documento papal. Lo cierto es que ambos, José de Murga y Raimunda Osorio, declararon en su testamento no tener hijos ni posibilidad de tenerlos. 


¿Qué ocurrió entonces con su enorme herencia? Es en este punto donde aparece la figura, casi espectral, de la niña Raimunda. ¿Quién era? Oficialmente fue la hija de Federico Avecilla, administrador principal del marqués. Avecilla llamó Raimunda a su hija, de la que no se sabe si fue legítima o bastarda.
Lo que sorprende es que la niña fue declarada “heredera universal” del título y fortuna de los marqueses de Linares. Cabe preguntarse si fue, en realidad, fruto del matrimonio incestuoso y ocultada tras conocerse la auténtica condición de sus padres. Algunos estudiosos afirman que Raimundita fue enviada entonces a un hospicio para encubrir el escándalo y que regresaba al palacio con frecuencia, siempre alejada de sus moradores en dependencias aisladas para ver a sus padres.


Y dejo ahora una pregunta en el aire: Si los marqueses no tuvieron una hija, ¿con qué fin ordenó el marqués construir una casa de muñecas en el jardín de la lujosa mansión?
El mes de mayo de 1990 llegaba a su fin. Unas “inéditas” psicofonías habían logrado que los investigadores de lo paranormal centráramos nuestra atención en este inquietante edificio enclavado en la Plaza de la Cibeles en Madrid. Las psicofonías, todo hay que decirlo, parecían no ser auténticas. Pero la leyenda de “casa encantada” del palacio, que databa de las primeras décadas del siglo, nos impulsó a investigar in situ los fenómenos paranormales que, según se comentaba, ocurrían en su interior.
Tras solicitar el permiso correspondiente a don Enrique Villoria, Concejal de Obras e Infraestructuras del Ayuntamiento de Madrid, se nos concedió visitar el lugar y realizar las investigaciones pertinentes.


El 5 de junio de 1990, unos minutos después de las diez de la noche, nuestro equipo de investigación, compuesto por Pedro Esteban (ingeniero de telecomunicaciones), Enrique Muro (periodista e investigador), Fernando Vázquez (locutor de radio y TV) y quien esto escribe, nos dispusimos a cruzar el jardín que daba acceso a la puerta de entrada al palacio.


Como todavía no se habían iniciado las obras de acondicionamiento para establecer en el lugar la actual Casa de América, nos encontramos con un edificio de finales del siglo XIX. Los vigilantes del lugar nos comentaron que el interior del inmueble estaba prácticamente sin tocar, tal y como lo habían dejado los marqueses al morir. Lo cierto es que, en casi un siglo de historia, nadie había vivido allí o, tal vez, nadie había querido instalarse en el lugar a tenor de la lúgubre leyenda que pesaba sobre sus corredores y habitaciones.
Tras la muerte de José de Murga –primer marqués de Linares- lo adquirió la familia Villapadierna. Después de la Guerra Civil fue alquilado por la compañía naviera Transmediterránea, quien se lo vendió a la Confederación de Cajas de Ahorros. La empresa Teseo, S.A. adquirió también la mansión. Finalmente el empresario Emiliano Revilla lo compró y éste lo vendió al Ayuntamiento de Madrid para inaugurar finalmente la Casa de América.
Curiosamente, a pesar de haber pasado por varias manos, nadie ha vivido allí jamás desde la muerte de los marqueses a principios del siglo XX. Nosotros, tras casi nueve décadas, nos encontrábamos ante el escenario de los hechos, junto a los sillones, tocadores, mesas y cuadros que acompañaron a sus moradores. 


Después de cruzar la puerta de entrada y tras subir por una lujosa escalera de mármol o escalinata principal, llegamos a la segunda planta, donde -según la mayor parte de los testigos- se desarrollaban todos los fenómenos paranormales.
El palacio estaba completamente a oscuras. Nuestra única iluminación eran nuestras linternas y las de los vigilantes que nos acompañaban. Llegados a la segunda planta del edificio, decidimos instalar en algún punto nuestra “base” con el fin de comenzar la investigación.
En todo el inmueble se encontraban: un equipo de la Cadena SER, el grupo de investigación Unidad Cero, unos redactores de Onda Madrid y nosotros.


Los primeros se encontraban encerrados a cal y canto en el despacho del marqués. La puerta de acceso a la estancia había sido precintada, ya que, como pudimos observar a través de su mirilla, realizaban una sesión de espiritismo, con una médium en pleno trance. La copa colocada sobre el tablero se desplazaba a una velocidad de vértigo y la médium pronunciaba palabras en tono imperativo. Estos compañeros, al igual que el resto, abandonaron el palacio apenas pasada la medianoche. Y allí estábamos nosotros cuatro, dispuestos a salir de dudas. ¿Era auténtica la leyenda de “casa encantada” de la mansión? –nos preguntábamos en aquellos momentos...


Iniciamos nuestro recorrido por todas las galerías y estancias. Queríamos familiarizarnos con el lugar. Eran tantas las habitaciones, tan numerosos sus corredores, tantos sus rincones que deseábamos conocer con exactitud el escenario de nuestro trabajo. En aquellos instantes retrocedimos al siglo XIX. Lujosas columnas de mármol, pisos de marquetería, delicados tapices, estatuas de bronce, suntuosas lámparas de cristal, sillas y sillones raídos por los años... todo hablaba. Cada paso era una mirada al pasado, un revivir el tiempo ya ido.
Estábamos embebidos en tanto asombro, cuando uno de nosotros propuso entonces subir a la azotea. Fue cuando vivimos nuestro primer fenómeno paranormal dentro del palacio. Pasaban algunos minutos de las doce de la noche. Subíamos a la última planta a través de una estrecha escalera de servicio de madera, los cuatro, uno detrás del otro. 


El primero, Pedro Esteban, alumbraba a los demás con una potente linterna, la única de la que disponíamos en aquellos momentos. De repente, como un torbellino, nos traspasó una violenta corriente de aire frío, muy frío, que se prolongó por unos segundos. Nos quedamos inmóviles. Fue entonces cuando se apagó súbitamente la linterna. Pensamos que Pedro la había apagado para darle más misterio a la experiencia recién vivida, pero no, él no había tocado el interruptor.
Para que no surgiera la histeria colectiva, nos tranquilizamos mutuamente y fuimos subiendo los escalones, alumbrados por nuestros mecheros, pero la experiencia no acabó ahí. Tardamos en llegar dos minutos y, al alcanzar la azotea y salir al exterior, la linterna se encendió de nuevo.
¿Explicación? Ninguna causa natural provocó ninguno de los dos fenómenos. Ni la termogénesis, que es un cambio brusco de temperatura y que se da con frecuencia en las “casas encantadas”, a veces en forma de corrientes o soplos de aire fríos, ni la fuga de luz en nuestra linterna, tuvieron un origen natural. Faltaban unos días para iniciarse el verano, hacía calor y no había corrientes de aire y, mucho menos, frío. 


La linterna era nueva y las pilas también. La fotógrafa Lola Heras y Antonio José Alés, entre otros testigos, también experimentaron este fenómeno en su visita al palacio pocos días después. Nuestra investigación continuó con más motivación, ya que lo que acabábamos de vivir evidenciaba que algo fuera de lo normal ocurría entre las paredes del lugar.
 

El segundo fenómeno paranormal llegó a la 1 y 12 minutos de la madrugada. Nos hallábamos a oscuras, expectantes, ante la entrada de la capilla. Habíamos dejado grabando un magnetófono con el fin de obtener psicofonías. El silencio era total. Y como surgido de todos los rincones del edificio, retumbó, por espacio de varios segundos, el llanto desgarrador de un niño.
Nos quedamos petrificados. 


¿El llanto de un niño? –nos preguntábamos intentándonos convencer unos a otros. Tras el llanto se hizo de nuevo el silencio, llanto que recogió nuestro micrófono y que guardo en mi archivo personal. Pero todavía nos aguardaban ciertas “sorpresas”...
Caminábamos por el corredor principal de la segunda planta. Pedro Esteban y Fernando Vázquez iban delante. Enrique Muro y yo les seguíamos. Andábamos pausadamente, sin hacer ruido, casi sin musitar palabra alguna. 



De repente, al igual que ocurriera con el llanto, surgieron unos tétricos y desconcertantes sonidos musicales, como de órgano antiguo. De nuevo, el grupo se paró. ¿Lo habéis oído? –pregunté. Nos quedamos unos segundos intentando adivinar de dónde venían aquellos acordes.
Fue inútil. La música se desvaneció en unos instantes... ¿Un órgano en el palacio de Linares? He recogido con el paso del tiempo más testimonios de personas que han visitado o trabajado en el lugar y que han vivido la misma experiencia. También éste es un fenómeno relativamente frecuente en las “casas encantadas”. Los acordes quedaron igualmente recogidos en una de nuestras grabaciones psicofónicas.



La cuarta experiencia vivida en este inquietante edificio vino ya avanzada la madrugada, hacia las 4:20 horas. Nuestro grupo se encontraba en la tercera planta. Habíamos dejado un micrófono sobre lo que, en su día, fue el tocador de la marquesa, en la segunda planta. Alguien tenía que bajar a recoger el material y me ofrecí voluntario. Bajé las escaleras y enfilé el corredor principal en dirección a los aposentos de la marquesa. Una linterna era mi única compañera.
De súbito comencé a oír, a escasos metros de mí, los jadeos lastimeros de una mujer, el llanto de una mujer que gemía y gemía con gran angustia. Entonces me paré en seco y alumbré con la linterna frente a mí: no había nadie. Me tuve que armar de valor y no dejarme vencer por el miedo. Mantuve la calma, gracias a Dios. Seguí caminando por la galería y aquel gimoteo no cesaba, iba delante de mí, a escasos metros. 


Aquel llanto femenino era perfectamente audible, cercanísimo, y nada tenía que ver con el escuchado por todo el grupo hacia la 1 de la madrugada, que se escuchó algo más lejano. Un nuevo fenómeno sucedió entonces: empezaron a percibirse, a unos metros delante de mí, una sucesión de pasos acelerados. A juzgar por el sonido eran zapatos de tacón. Alguien caminaba a unos metros de mí pero yo no veía a nadie. Entré en la estancia donde se encontraba la grabadora, la cogí entre mis manos y velozmente, presa del desconcierto ante lo vivido, me reuní con mis compañeros y les referí lo ocurrido. ¿Qué había sucedido? A esas horas ya no quedaba nadie en todo el palacio, excepto los dos vigilantes que se encontraban en su puesto junto a dos preciosos pastores alemanes. ¿Gemidos? ¿Jadeos? ¿Llantos? ¿Taconeos? ¿Pero qué sucedía en ese lugar? Todavía hoy lo desconozco. Sólo puedo certificar la veracidad y autenticidad de los hechos que estoy refiriendo.


En nuestra estancia en la mansión realizamos diversas pruebas: un barrido fotográfico de todas las estancias y galerías, múltiples grabaciones en cinta magnetofónica para obtención de psicofonías, filmación en dos cámaras de video simultáneas, etc.
En lo referente a las psicofonías obtenidas aquella madrugada, los resultados fueron interesantes. A las 23:22 horas efectuamos una primera prueba en el palomar, donde se decía que encerraban a la niña Raimunda cuando venía del hospicio. Obtuvimos una voz resonante que dice: “Raimunda”, y un grito lejano. A las 00:07 h grabamos en la que se cree fue la habitación de la niña: ningún resultado. A la 1:12 h en la capilla: quedó registrado el llanto desgarrador de niño que he referido y una voz infantil que dice: “mamá”. A las 2:44 h efectuamos otra grabación, de nuevo, en la habitación de la niña: aparecen sonidos musicales. A las 3:48 h grabamos en el despacho del marqués: golpe sonoro y fuerte propinado a nuestro micrófono. Y a las 4:20 h la última grabación de la noche, en el tocador de la marquesa: una voz infantil que dice nuevamente: “mamá”, seguido de un leve lamento. Estos fueron, resumiendo mucho, nuestros resultados psicofónicos más sobresalientes de aquella noche en el palacio.


Pero la gran sorpresa de nuestra investigación en el lugar estaba encerrada en nuestras cámaras de vídeo. Transcurrieron ocho años hasta que nos percatamos de todo lo que contenían nuestras filmaciones. De todas las imágenes paranormales captadas por nuestros objetivos, podemos resaltar, en resumen, las siguientes:

1. Estando en el salón de baile y efectuando un barrido de la estancia, aparecen dos figuras humanas (hombre y mujer), en movimiento, como si se dispusieran a bailar. En este momento, surge, a la derecha de la imagen, una tercera figura espectral de hombre, vestido con camisa blanca, que irrumpe en la escena.
2. La aparición, sobre el suelo de marquetería de una de las habitaciones de la segunda planta, de un féretro con una rosa amarilla apoyada en la tapa de éste.
3. La filmación de una forma ectoplásmica que se materializó junto a uno de nuestros maletines de trabajo.
4. Esta escena resulta de lo más inquietante. Nos encontrábamos en el lugar escogido como “base”, en la segunda planta. En ese momento, ya avanzada la madrugada, sólo quedábamos nosotros cuatro en el edificio. Fernando Vázquez era el cámara. En la imagen, deberíamos aparecer Pedro Esteban, Enrique Muro y yo, pero también aparecen las figuras de dos personas más que nos observan. 
 
Los dos vigilantes encargados de la custodia del inmueble en aquella noche, nos narraron ciertas experiencias vividas en la mansión. Uno de ellos, sobre todo, nos manifestó su miedo, a pesar de ir acompañado en todo momento por un esbelto pastor alemán que se mostraba inquieto y nervioso.
Nos confesaron que muchos de sus compañeros, tras ser destinados a vigilar el lugar y pasar una noche allí, pedían de inmediato el traslado. Incluso tuvimos conocimiento del caso de uno de los vigilantes que, tras experimentar ciertos fenómenos paranormales en el palacio, acabó en la consulta de un psiquiatra. Estos fenómenos, vividos por personas que pasaban, cada día, ocho horas entre sus paredes, reforzaron aún más los resultados y conclusiones de nuestra investigación.


El misterioso palacio fue visitado también por otros investigadores de reconocido prestigio: Germán de Argumosa, Antonio José Alés, José María Pilón, etc, quienes confirmaron, cada uno desde un ángulo de la investigación distinto, la realidad de la fenomenología paranormal.
Pasados los años y convertido el edificio en Casa de América, tuve la ocasión de hablar con un alto directivo de la Institución. Le pedí abrir de nuevo una investigación, solicitud que me fue denegada “por el impacto que los resultados podrían tener en la opinión pública”. Es comprensible. Lo que sí me confirmó, así como ciertos trabajadores que desempeñan su labor diariamente en la Casa de América, es que los fenómenos se siguen produciendo. Los trabajadores, y es lógico, quieren mantener en todo momento su anonimato y cuando me han contado sus “extrañas vivencias”, me han puesto como condición indispensable que jamás revele su nombre y sus apellidos. Y así lo he cumplido hasta el momento.


Las famosas grabaciones psicofónicas de Carmen Sánchez de Castro fueron un montaje y además mal hecho. Fue una actriz quien grabó aquellas pretendidas psicofonías, tal y como le confesó ella misma a un importante investigador de nuestro país y en su propia casa.
Las “voces” fueron un fraude, pero no así la leyenda de “casa encantada” del palacio. En sus habitaciones y estancias, a lo largo de sus corredores y galerías se producen fenómenos difícilmente explicables por la razón, hechos y sucesos que nos convirtieron, aquella noche, en testigos de lo insólito.

MIEDO POR MADRID

Ruta de miedo por  Madrid


   


1. Caso Vallecas. El 14 de agosto de 1991, en la calle Luis Marín nº 8, en el madrileño barrio de Vallecas, fallecía la joven Estefanía Gutiérrez después de haber realizado una sesión de güija. A raíz de esto comenzaron a suceder en el inmueble una serie de hechos paranormales que quitaban el sueño a la familia: vientos huracanados en el salón de la casa; fotografías de la difunta que ardían de manera inexplicable; gritos espantosos que provenían de la habitación de Estefánia…y un sinfín de hechos más que provocaron que la familia tuviera que llamar a la policía. Sin duda, se trata de un caso muy famoso relacionado con el mundo del misterio que ha calado muy hondo en reconocidos investigadores del tema.







2. Misteriosos sucesos en el palacio de la Condesa de Arcos. En agosto de 1724 la condesa de Arcos, que vivía en la calle Fuencarral, en un número ahora desconocido, hizo llamar al investigador Diego de Torres Villarroel para que buscase una explicación a los hechos paranormales que sucedían en el inmueble. Tras pasar éste quince noches en el palacio fue testigo de numerosos sucesos impactantes: cuadros que se caían mientras el clavo quedaba sujeto a la pared; puertas que se abrían estando cerradas con llaves y cerrojos; extraños y misteriosos golpes que provenían del piso de arriba cuando no había nadie…y un sinfín de curiosidades que recogió en su obra “Anatomía de lo visible y lo invisible”.
ACTUALMENTE ESTÁ CERRADA



3. El misterioso chalé de la calle Ayala. En el número 126 de esta calle se encontraba un llamativo chalé de color amarillo con cuatro plantas flanqueado por bloques de viviendas más modernos. Fue en la década de los 80 cuando muchos de los vecinos que vivían en estos bloques decidieron vender sus viviendas ante los insistentes golpes y ruidos que provenían del mencionado chalé. Se cuenta que los ruidos los provocaba el alma atormentada de un obispo que encontró la muerte en este inmueble cuando funcionaba como prostíbulo. Aún hoy en día son numerosos los vecinos que siguen oyendo ruidos extraños.



4. La Casa de las pinturas negras de Goya. Fue en el año 1819 cuando el famoso pintor adquirió esta casa situada en el Camino Antiguo de Extremadura (hoy, Paseo de Extremadura). En la Quinta del Sordo, nombre que adquirió la casa cuando se compró, pasó los últimos años de su vida el maestro, una etapa depresiva que plasmó en las paredes de su casa con sus conocidas obras negras. Esto provocó todo tipo de habladurías, sobre todo en la Corte. Se comentaba que sus dibujos reflejaban los espíritus y fantasmas que deambulaban por la casa. Y es que, las pinturas negras que adornaban las paredes, causaban miedo y terror a todo aquel que las contemplaba. Cuando en el año 1913 la Quinta del Sordo fue demolida, las pinturas fueron trasladas al Museo del Prado. ¿Deambularán los fantasmas ahora por la famosa pinacoteca?


martes, 16 de octubre de 2012

El Fantasma de Edgar Allan Poe

El Fantasma de Edgar Allan Poe ronda Baltimore.
Fantasma de Allan Poe

Edgardo Allan Poe, poeta, novelista y autor de grande cuentos de terror como el Gato Negro, Los Asesinatos de la calle Morgue, fue uno de los escritores más grandes de toda la historia. Su muerte, fue todo un misterio, aún hoy es investigada, las más variadas hipótesis se han tejido. Existe la creciente idea de que fue víctima de un crimen.
Lo cierto es que hay un fantasma bajo la forma de hombre vestido de negro que vaga las calles de la zona antigua de Baltimore, que fue donde Poe caminó durante sus ultimos días. El fantasma también se ha visto en los pasillos del hospital en donde él murió y en los alrededores de su sepulcro. La casa del Poe que ahora es un museo es frecuentada por el alma de una mujer, posiblemente abuela de Poe. Las puertas también se cierran y se abren solas y la gente también siente como se golpean. Las luces se encienden a la medianoche el día de su cumpleaños.

Cada año en su cumpleaños, el 19 de enero, una figura extraña de negro es vista entrar al cementerio y colocar tres rosas rojas sobre el sepulcro del Poe. Esto viene ocurriendo durante los ultimos 60 años!
¡Parece que el alma de este gran escritor todavía no está en descanso!




jueves, 20 de septiembre de 2012

EL BAÚL DEL MONJE



Los fantasmas del anticuario

Al final de la década de los noventa, en un anticuario de Madrid se produjeron una serie de acontecimientos de extraña explicación. Decenas de personas fueron testigos y sufrieron en sus propias carnes los fenómenos que allí acontecieron.

En una tienda de antigüedades de Madrid se producen fenómenos paranormales. Un anticuario de Madrid padece desde hace tiempo fenómenos paranormales en su local situado en la calle Marqués del Monasterio, en el distrito Centro de Madrid. Según declaró el propietario de la tienda, Noel, a una emisora de radio:  “una de las cosas que más suceden es que se caigan objetos sin que nadie los toque. A veces se ven figuras, otras veces son ruidos, reales, y luego, sin embargo, no hay nada que los justifique”.


Con estas palabras comenzaba Cristina Rovirosa, locutora de la cadena de radio Onda Cero, el informativo de las ocho de la tarde del 11 de febrero de 1999. Una redactora de esta emisora acababa de filtrar la noticia de los extraños episodios que se estaban produciendo en un comercio de la capital.
El grupo de investigación paranormal HEPTA y otros expertos en la materia no tardaron en personarse en el local para comprobar y realizar las investigaciones pertinentes sobre los fenómenos que allí sucedían.
Todo el local, abarrotada de objetos y antigüedades, desprendía un aura casi mística que trasladaba a otras época de la historia. Ángela, copropietaria del negocio, relataba los sucesos a los investigadores.


“Todo comenzó en marzo del pasado año, Noel me comentaba en forma jocosa – aquí hay fantasmas. Y efectivamente, comenzaron a pasar cosas”. Y es que desde que se pusieron al frente del establecimiento, situado en la madrileña calle Marqués del Monasterio, número 10, ya nada es normal en su vida diaria.
Ángela continuaba contando:
“Las lámparas comenzaron a moverse solas. Por ejemplo, los adornos cristalinos que cuelgan de ellas aparecían en otras habitaciones. Saltaban delante de tus ojos o directamente se rompían. Se abrían solos los grifos, a veces parecía como si se cayera una vajilla contra el suelo y  muchas otras surgía un olor a podrido que se transformaba en un aroma a rosas increíble. Surgía por las habitaciones e impregnaba algunos muebles. Olía a pelo quemado dentro de uno de los armarios.”
Los fenómenos fueron aumentando en agresividad y frecuencia. Los primeros testigos de excepción fueron los alumnos de las clases de restauración que se imparten en la parte trasera de la tienda. Pero antes de que personas ajenas a ésta pudieran presenciar estos sucesos, Ángela, y especialmente Noel, vivieron experiencias extraordinarias.
“Estábamos un día organizando la tienda. Encima de la mesa teníamos un velón y de repente se encendió solo. En otra ocasión Noel tiró a la basura una cabeza de carnero porque parecía cobrar vida. Después de tirarla a la basura la encontramos en la puerta del local. A partir de ese día la hemos escondido.”
El estupor de los propietarios les llevó a contar a sus amigos más allegados lo que estaba ocurriendo.

“Había días que cerrábamos la tienda y veníamos a ver qué pasaba. Siempre a la misma hora se desencadenaban los acontecimientos. Estando con unos amigos en la salita principal comenzaron a caernos unos trocitos de madera como carcomida y húmeda.”
Al concluir el verano, la violencia aumentó de forma alarmante incluso ante los conocidos de Ángela y Noel.
“Recuerdo una noche que cerrábamos la tienda. Nos fuimos a cenar y volvimos para ver si había pasado algo. Cuando entramos, los vasos con agua que dejamos para mantener la humedad de la madera de los muebles salieron despedidos contra unas esculturas romanas”.
A partir de ese momento los incidentes empezaron a hacerse permanentes y los clientes comenzaron a presenciar las extrañas escenas.
“¡Tú no sabes qué vergüenza! […]. Llegaba un cliente, le enseñábamos algunas piezas y empezaban a caer objetos. Se iban despavoridos. Nos inventábamos mil excusas pero no podían creernos“.
Los fenómenos, con el tiempo, fueron reduciendo su intensidad hasta prácticamente desaparecer. Según se cuenta, anteriormente vivía en ese lugar un abogado que murió abrasado al provocarse un incendio por culpa de un cigarrillo en la cama. Los investigadores aseguraron que éste lance no tenía nada que ver con los sucesos de la tienda de antigüedades. Un típico caso de psicoquinesia espontanea recurrente, más conocido como poltergeist, producido probablemente por una de las personas presentes. Con la salvedad de que, según testimonios de vecinos y del propio conserje, durante las noches, con el local cerrado, se escuchaban charlas y ruidos como si allí hubiese alguien trabajando…
Hoy en día, todos los interrogantes continúan abiertos sobre lo que ocurrió en realidad en ese lugar.

La rectoría de Borley.



¿El lugar más encantado de Inglaterra?

El 10 de julio de 1929 el rotativo británico Daily Mirror publicaba la exclusiva. En una rectoría situada entre los condados británicos de Essex y Suffolk se estaban produciendo toda clase de fenómenos paranormales.



“Figuras fantasmales de cocheros decapitados – afirmaba el periodista V.C.Wall en la crónica – , una monja, una carroza tirada por dos caballos bayos que aparecía y desaparecía misteriosamente, pisadas en habitaciones vacías […]”.
La noticia sobre el embrujamiento del rectorado Borley, un edificio de dos plantas de ladrillo rojo y 23 habitaciones de estilo victoriano, corrió como la pólvora por todo el país y el editor del Daily Mirror decidió ponerse en contacto con el parapsicólogo Harry Price ante la inusitada repercusión que había producido el incidente.
Harry Price, miembro de la Society Psychal Research y fundador de la National Library of Psychal Research dependiente de la Universidad de Londres, acudió al enclave endemoniado y comenzó a recabar toda la información. Los primeros resultados sobre la mansión Borley fueron espectaculares. El paraje contaba con un extenso y trágico pasado marcado por la muerte e insólitos incidentes enigmáticos.

Harry Price

Según diferentes estudios históricos aquel solar había sido durante el siglo XIII el punto donde se asentaba un convento en el que se produjeron varios crímenes. El asesinato, más concretamente de una pareja de eclesiásticos, de un sacerdote del monasterio y una monja del claustro de Bures, situado a 13 kilómetros de distancia, que tras un apasionado romance intentaron huir y dar un giro de 180 grados a sus vidas.
El final, como suele ocurrir, tuvo un desenlace fatal. Fueron capturados y ejecutados cruelmente: a él la decapitaron y a ella la emparedaron en los muros del inmueble.
Fue tras estos lóbregos lances cuando empezaron a sucederse las apariciones, según los observadores, de una figura fantasmal vestida con hábitos religiosos.
E.D. Bull, sacerdote artífice de la construcción en 1863 y primer inquilino, no se vio afectado por las leyendas en un principio. Pero con el paso del tiempo el misterio fue transformándose en una realidad diaria.

Reverendo Henry Bull

Durante los 65 años en los que la familia Bull estuvo en la rectoría, desde 1863 hasta 1927, se produjeron una extensa lista de hechos inauditos. Experiencias y manifestaciones que fueron corroboradas por vecinos de las localidades colindantes.
Pero todo “estalló” cuando el sacerdote Eric Smith se instaló en la mansión y dio a conocer a los periodistas del Daily Mirror la extraña casuística que estaba padeciendo.
Los fenómenos que se producían eran muy variados: el inexplicable tintineo de las campanillas y los timbres, la observación de una figura luminosa ataviada con vestimenta de monja por el jardín, el característico movimiento de objetos, sonidos de pasos por las habitaciones, las llaves de las puertas saltaban de las cerraduras, volaban piedras desde el tejado e incluso se pudieron escuchar gritos desgarradores y el paso de carruajes inexistentes por los alrededores del lugar.
Harry Price, a los tres días de su primera visita y desbordado por los acontecimientos, decidió organizar una sesión de espiritismo para intentar esclarecer el enigma. En el experimento participaron el reverendo Smith, su esposa, una médium y el propio investigador. El resultado terminó de sembrar el desconcierto: el espíritu del sacerdote Henry Bull, antiguo regente y constructor del edificio, informó sobre el truculento pasado del lugar.

Price junto al reverndo Foyster y su familia.

Una semana después de la prueba el párroco Smith y su mujer abandonaron definitivamente la casa. La fenomenología había llegado a tal punto de agresividad y violencia que era imposible vivir allí y Price tuvo que abandonar sus análisis.
Transcurrió un año hasta que la rectoría fue habitada de nuevo. Esta vez por el clérigo Lyonel Foyster, primo del fallecido reverendo Bull, y su mujer, Marianne.
Durante los primeros meses reinó la paz, pero todo cambiaría repentinamente… los timbres volvieron a sonar, las campanas a tañir, se escuchaba el arrastrar de cadenas, se materializaban relojes, monedas y, lo más espectacular, comenzaron a aparecer mensajes escritos en las paredes. Unas misivas presuntamente realizadas por entidades del más allá en las que de una forma desgarradora pedían auxilio, como “Por favor, ayuda… Marianne” o “No puedo entender, dime más”.

Detalle de las notas escritas en las paredes

Foyster y Marianne volvieron a requerir los servicios del parapsicólogo Price. Esta vez acudió junto con dos de sus empleados y un equipo móvil compuesto por cámaras fotográficas, cintas métricas, polvo para impresionar huellas, un cámara cinematográfica de 16 mm, filtros luminosos y acústicos, varios instrumentos de medición térmica, etc.
Durante el trabajo de campo que se efectuó aumentaron los mensajes. Parecían ser crípticos. Encerraban algún tipo de información especial. Y de entre todos, uno de ellos, de carácter profético y apocalíptico, marcaría los designios del caso: “Esta casa será pasto de las llamas”.
Los fenómenos asediaban a una inocente Marianne, que empezó a sufrir una fuerte alteración psíquica debido a la situación, motivo por el cual el matrimonio abandonaría la casa definitivamente en 1935.

.

La rectoría Borley, de nuevo, quedó desamparada. Nadie parecía poder habitar entre sus muros.
Harry Price aprovechó esta circunstancia para promover nuevos experimentos. El investigador psíquico alquiló el caserón, concretamente desde el 19 de mayo de 1937 hasta finales de 1938, y puso un anuncio en el rotativo The Times en el que se solicitaba voluntarios para el estudio de los fenómenos paranormales de la abadía.
Se buscan personas – rezaba la petición publicada en el periódico británico – responsables, inteligentes, intrépidas, críticas e imparciales para realizar turnos de observaciones en una casa. Si no saben nada sobre investigación psíquica, mejor”.
La respuesta fue todo un éxito. Fueron reclutadas un total de 48 personas. Todos ellos permanecieron en Borley por espacio de un año y medio y durante este tiempo todos los inquilinos fueron testigos de lo insólito.
El 27 de febrero de 1939, el capitán W.H.Gregson, posterior morador, se encontraba en la biblioteca del caserón cuando una lámpara de aceita se estrellaba contra el suelo de forma inexplicable. Las llamas se extendieron rápidamente por el inmueble y el fuego devoró toda la mansión.

Estado de la rectoría tras el incendio de 1939

¿Se cumplió la profecía realizada años atrás y rubricada en los muros? Parece ser que sí. Pero la historia de Borley continuó a pesar de su desaparición.
Durante la demolición del edificio, el cual quedó prácticamente derruido a causa del incendio, varios obreros aseguraron haber observado extraños portentos entre las ruinas del inmueble y se descubrieron restos óseos. ¿Corresponderían aquellos huesos a la monja emparedada siglos atrás?
No lo sabemos a ciencia cierta, pero de lo que no hay duda es sobre las aterradoras manifestaciones que los empleados en el derribo pudieron vivir. Episodios que hicieron nuevamente poner de actualidad a Borley, ya que un reportero del periódico Life, mientras realizaba un reportaje gráfico de las obras, pudo captar en una fotografía el presunto vuelo de un ladrillo entre los cimientos de la mansión desvencijada. Todo un documento.
.
La famosa fotografía del ladrillo de Borley

Harry Price cerró definitivamente el caso tras dar cristiana sepultura a los macabros restos hallados en ruinoso sótano. Y todas sus conclusiones fueron recogidas en dos gruesos libros: el primero publicado en 1940 bajo el título The most haunted house in England (La casa más encantada de Inglaterra) y el segundo, The end of Borley rectory (El fin de la rectoría Borley), editado en 1945, tres años después del fallecimiento de Price.
Nadie parecía dudar dela odisea fantasmal. Pero en 1956 el enduendamiento de la rectoría Borley y las investigaciones que allí se realizaron fueron puestas en entredicho. Dos miembros de la Society for Psychal Research (SPR), Charles Hope y Henry Douglas, solicitaron una revisión de los trabajos de Harry Price.
El comité de la SPR accedió a la petición de los eruditos paranormales y comenzó la fiscalización de toda la documentación existente sobre el caso que se encontraba en la Universidad de Londres.

Algunas habitaciones del interior de la rectoría

Tras cinco años de estudio los resultados fueron publicados bajo el título The haunting of Borley rectory (El encantamiento de la rectoría Borley) en 1956.
En opinión de Hope y Douglas, muchos de los fenómenos que se produjeron en caserón religioso fueron fraudulentos. Es más, aseguraron que detrás de muchos de los presuntos incidentes poltergeist se encontraba Price, pese a que los fenómenos ya se habían denunciado mucho antes de que Price pusiese allí sus pies por primera vez.
Borley resistió estoicamente los envites de la comunidad parapsicológica más escéptica. Primero con la publicación en 1973 de la obra The ghosts of Borley: Annals of the haunted rectory (Los fantasmas de Borley: Anales de la rectoría encantada) realizada por Peter Underwood y el doctor Tabori, y en la que se reafirmaba las serias y metódicas investigaciones realizadas por Harry Price, y posteriormente, en 1974, cuando un equipo del Grupo de Investigaciones Parapsicológicas de Enfield, encabezado por Ronal R. Russel, retomó las investigaciones, esta ve vez en la iglesia colindante a la antigua abadía, las cuales determinaron que seguían produciéndose extraños fenómenos en el recinto.

Iglesia de Borley


La comisión científica dirigida por Russell, y compuesta por los ingenieros Frank Parry y John Fay, ratificó la existencia de una fenomenología paranormal en Borley:
“Hemos grabado –explicaba el informe de los estudiosos- cientos de ruidos extraordinarios, pisadas, golpes y demás. En una ocasión localizamos un centro de perturbación cerca del sepulcro Waldegrave; era tangible, como un torbellino de energía. Cuando se pasaba la mano por él, se sentía una especie de cosquilleo, como el que produce la electricidad estática. En otra ocasión llegamos a escuchar un profundo gruñido”
Y es que, como afirmó Harry Price, Borley, ha sido, es y será, el lugar más encantado de Inglaterra.